jueves, 8 de junio de 2017

La Dulce Mentira Vs. La Amarga Verdad


El ejemplo educa mas…
que las palabras

Los adultos somos especialistas en la mentira, como hábiles prestidigitadores sacamos de la manga explicaciones para nuestros mitos y lo peor de todo, enseñamos a nuestros niños a no decir mentiras cuando este es el ejemplo que ven en casa:

-Mamá te llaman por teléfono
-hay hijo diles que no estoy o que estoy muy ocupada (la novela está muy buena).
-hoy es la final del partido del futbol – dice el papá-
-Pero que no vas a ir a trabajar entonces –replica el hijo-
-llamare a la oficina y me reportare enfermo –contesta el padre.

Todos los niños gustan de la verdad pero con el tiempo se van contaminando al ver estas actitudes de los padres y comenzar a imitarlas, el adulto es quien dice una cosa, piensa otra y hace otra totalmente distintas.

Ejemplos hay miles, nuestra sociedad está llena de “dulces mentirosos”, el papa que asusta al niño que si no se lava los dientes se le van a caer y ellos mismos no se los lavan, el doctor que dice que comer azúcar es malo para la salud pero lo encontramos degustando una dona de glaseado en la cafetería o un refresco a la hora de su comida o peor aún que dice que fumar causa cáncer y es dañino para nuestra salud a la vez que su cajetilla esta sobre el escritorio.

En fin nuestros hijos son censurados por hacer ciertas cosas o por mentirnos, pero el ejemplo viene desde casa, y solo es cuestión de tiempo para que cuando el hijo crezca y pueda conseguir cigarrillos, alcohol o drogas lo haga y lo peor de todo será cuando preguntemos por que viene oliendo a cigarro (aunque ya sepas por que es), el sentirá la dulzura de la mentira pero tú el aguijón de la cruda verdad tras la respuesta de “- es que mis amigos estaban fumando y se me pego el olor-”

En consulta muchos padres me llegan con el descaro de decirme “no se mi hijo de donde aprendería esas mañas, yo nunca le enseñe eso”  y llevan razón no le enseñaron directamente, pero con el ejemplo aprendieron y quieren que otros resuelvan el problema que ya se arraigó en los hijos por tal ejemplo que durante años mermo su capacidad para decir la verdad.

Muchos papas culpan a sus hijos, les dicen mentirosos, pero cuando se hace un análisis profundo se descubre que los hijos no son los culpables de mentir sino los papas por enseñarles el camino de la mentira.

Muchos padres también me han llegado a decir que sus hijos parecen aislados, como que ocultan cosas y no se sientan a platicar con ellos como padres, que quisieran dar un consejo a sus hijos pero que estos no se dejan aconsejar y la respuesta más frecuente que les doy es que “sus hijos no quieren hablar con ustedes por que han aprendido que son mentirosos, como se puede confiar en los consejos de alguien que miente para salirse con la suya, como confiar en una mentira, por que creer que lo que el padre está diciendo es la verdad, como preguntarle a mi papá sobre sexualidad si cuando mi hermano mayor le pregunto le dijo el típico –no pasa nada- y ahora tiene una prolífica familia de 4 hijos”.

Si quieres que tus hijos confíen en ti, comienza desde hoy a decir la verdad para que ellos sigan ese ejemplo y después no quieran mentirte, recuerda que cuando un hijo te miente aunque sea solo una vez tú lo tomas como mentiroso y su reputación se va por el caño, la pregunta obligada para ti que mientes seria ¿cómo está mi reputación el día de hoy como para pedir que mi hijo confié en mí?

No hay comentarios.:

Publicar un comentario