El
ejemplo educa mas…
que
las palabras
Los adultos somos especialistas en la
mentira, como hábiles prestidigitadores sacamos de la manga explicaciones para
nuestros mitos y lo peor de todo, enseñamos a nuestros niños a no decir
mentiras cuando este es el ejemplo que ven en casa:
-Mamá te
llaman por teléfono
-hay hijo diles que no estoy o que estoy
muy ocupada (la novela está muy buena).
-hoy
es la final del partido del futbol – dice el papá-
-Pero que no vas a ir a trabajar entonces
–replica el hijo-
-llamare a la oficina y me reportare
enfermo –contesta el padre.
Todos los
niños gustan de la verdad pero con el tiempo se van contaminando al ver estas
actitudes de los padres y comenzar a imitarlas, el adulto es quien dice una
cosa, piensa otra y hace otra totalmente distintas.
Ejemplos hay
miles, nuestra sociedad está llena de “dulces mentirosos”, el papa que asusta al niño
que si no se lava los dientes se le van a caer y ellos mismos no se los lavan,
el doctor que dice que comer azúcar es malo para la salud pero lo encontramos
degustando una dona de glaseado en la cafetería o un refresco a la hora de su
comida o peor aún que dice que fumar causa cáncer y es dañino para nuestra
salud a la vez que su cajetilla esta sobre el escritorio.
En fin
nuestros hijos son censurados por hacer ciertas cosas o por mentirnos, pero el
ejemplo viene desde casa, y solo es cuestión de tiempo para que cuando el hijo
crezca y pueda conseguir cigarrillos, alcohol o drogas lo haga y lo peor de
todo será cuando preguntemos por que viene oliendo a cigarro (aunque ya sepas
por que es), el sentirá la dulzura de la mentira pero tú el aguijón de la cruda
verdad tras la respuesta de “- es que mis amigos estaban fumando y se me pego
el olor-”
En consulta
muchos padres me llegan con el descaro de decirme “no se mi hijo de donde aprendería
esas mañas, yo nunca le enseñe eso” y llevan razón no le enseñaron directamente,
pero con el ejemplo aprendieron y quieren que otros resuelvan el problema que
ya se arraigó en los hijos por tal ejemplo que durante años mermo su capacidad
para decir la verdad.
Muchos papas
culpan a sus hijos, les dicen mentirosos, pero cuando se hace un análisis
profundo se descubre que los hijos no son los culpables de mentir sino los
papas por enseñarles el camino de la mentira.
Muchos padres
también me han llegado a decir que sus hijos parecen aislados, como que ocultan
cosas y no se sientan a platicar con ellos como padres, que quisieran dar un
consejo a sus hijos pero que estos no se dejan aconsejar y la respuesta más
frecuente que les doy es que “sus hijos no quieren hablar con
ustedes por que han aprendido que son mentirosos, como se puede confiar en los
consejos de alguien que miente para salirse con la suya, como confiar en una
mentira, por que creer que lo que el padre está diciendo es la verdad, como
preguntarle a mi papá sobre sexualidad si cuando mi hermano mayor le pregunto
le dijo el típico –no pasa nada- y ahora tiene una prolífica familia de 4
hijos”.
Si quieres
que tus hijos confíen en ti, comienza desde hoy a decir la verdad para que
ellos sigan ese ejemplo y después no quieran mentirte, recuerda que cuando un
hijo te miente aunque sea solo una vez tú lo tomas como mentiroso y su
reputación se va por el caño, la pregunta obligada para ti que mientes seria
¿cómo está mi reputación el día de hoy como para pedir que mi hijo confié en
mí?
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